Bailes típicos de Cuba: La magia de nuestros bailes

Dondequiera que nuestras trompetas, tumbadoras, timbales, flautas y violines toman el escenario, triunfa la música cubana, porque ponen a bailar a europeos, americanos, asiáticos… y al más pinto. Maracas, güiros, claves y otros instrumentos transmiten una orden ineludible a las caderas; esa es la magia de nuestros bailes.

Suena la música y un motor se nos enciende dentro. Cuando se conjuga la percusión y los instrumentos de viento, el amplio caudal que incluye guitarras, bongós, tambores batá, trompetas chinas, tres, cencerros… no hay voluntad que pueda detener los pies.

Desde Alejo Carpentier hasta Leonardo Acosta y Leonardo Padura, muchos han estudiado el fenómeno. Unos y otros hallaron que el prodigio se debe a la riquísima mezcla de ritmos, a la fusión de sonoridades y, a la vez, a la defensa de lo autóctono de cada uno. Confirmaron que no son pocas las causas de la magia de nuestros bailes.

Lo entendió, en buena medida intuitivamente, Miguel Faílde, cuando nos propuso el danzón, considerado baile nacional de Cuba. Lo supo también Dámaso Pérez Prado, cuando nos contagió con el mambo. Lo advirtió Enrique Jorrín, cuando puso de moda el chachachá. Lo aprovechó Pello el Afrokán, para propagar el Mozambique.

Y, por supuesto, lo aprehendieron Miguel Matamoros, Benny Moré y Juan Formell, entre otros, cuando vistieron este archipiélago y los más diversos escenarios del planeta con el poder del son.

Esos son nuestros bailes típicos, más allá de clasificaciones modernas que hablan de salsa o timba, y de géneros y subgéneros que incluyen la guaracha, el changüí, la tumba francesa o el sucu-sucu. Y, cada uno, lleva en su linaje a la rumba y la conga, pero no solo a modo de herencia sino de colosal tributo, por su vigencia.

En el año 2016, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a la rumba cubana Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como antes a la tumba francesa.

¿Qué barrio no se estremece con las llamadas Ruedas de Casino, que van de un estribillo y de una canción a otra, con la elegancia y habilidad de las parejas, los giros, los pases… el sabor de la música?

Pregunte en el Salón Rosado de La Tropical, en La Habana; en Miami, New York, Santo Domingo, Río de Janeiro, Paris o Tokyo sobre lo que consiguen los Van Van, la Aragón, la Revé, la Charanga Habanera o Will Campa. Logran algo tan fantástico, bonito y sabroso que no precisa descripciones, sino soltar las caderas. Es la magia de nuestros bailes.